jueves, 3 de marzo de 2016

Chamberí

De niño, no podía evitar sobrecogerme cuando viajando en metro pasaba por la estación abandonada de Chamberí. Pero tampoco podía evitar mirar. Una extraña fascinación ejercía sobre mí y cuando el metro arrancaba en Bilbao dirección Iglesia, buscaba un cristal donde pegar la cara para poder verla. Visión fugaz e inquietante que me proporcionaba un momento de placentera emoción. Ahora es un museo. Ahora he podido pisarla. Lo misterioso, convertido en mundano.


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